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📈 Reportes: mirar los datos para llegar a tiempo

Qué información entrega el campus, cómo se lee y qué hacer con ella. La analítica no está para medir a quien cursa: está para que quien enseña sepa dónde hace falta.

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🧭 Para qué mirar los datos

El campus registra todo: cada ingreso, cada material abierto, cada entrega, cada intervención en un foro. Esa cantidad de datos puede volverse abrumadora o inútil si no está claro para qué la miramos. Así que conviene empezar por ahí.

La analítica del campus no está para evaluar a quien cursa. Para eso están las actividades y las evaluaciones. Los reportes están para otra cosa: para que quien enseña pueda ver, sin tener a nadie enfrente, dónde el curso está funcionando y dónde alguien se está quedando en el camino.

El abandono en línea es silencioso

En un aula presencial, la ausencia se nota: hay una silla vacía. En un aula virtual no hay silla. Quien deja de cursar simplemente no vuelve a entrar, y nadie avisa. Puede pasar un mes entero antes de que alguien lo registre, y para entonces ya es tarde: volver después de cuatro semanas fuera es mucho más difícil que después de una.

Por eso el dato más importante de la analítica no es lo que la gente hace, sino lo que dejó de hacer. La falta de señal es la señal. Y es justamente la que no aparece sola: hay que ir a buscarla.

📚 El propósito, en una frase. No miramos los reportes para saber quién cumplió. Los miramos para saber a quién hay que escribirle esta semana.

Vigilar y acompañar se parecen, pero no son lo mismo

Un mismo dato —«esta persona no ingresa hace doce días»— puede usarse de dos maneras opuestas. Puede servir para justificar una baja, o para escribirle y preguntar qué pasó. La herramienta es idéntica; lo que cambia es qué hacemos después de leerla.

Esa diferencia no es abstracta: se nota en el tono de lo que llega. Un mensaje que suena a control —«registramos que no accedés desde el 3 de mayo»— empuja a quien ya estaba dudando. Uno que suena a interés —«te vi arrancar bien la unidad 1 y después no volviste, ¿te trabaste con algo?»— abre una puerta. El dato que hay atrás es el mismo.

Lo que los datos no dicen

Conviene tener claro el límite, porque es fácil pasarse. Los reportes muestran comportamiento, no comprensión ni motivos. Muchos clics no equivalen a aprendizaje: alguien puede abrir todos los materiales sin leer ninguno. Y a la inversa, alguien con poca actividad registrada puede haber descargado todo el material la primera semana y estar estudiando en papel.

Del mismo modo, un avance detenido puede ser desinterés, pero también un problema de conectividad, un trabajo nuevo, una enfermedad, una contraseña que no funciona. El reporte dice dónde mirar. Nunca dice qué pasó. Eso solo se averigua preguntando.

🔴 Un riesgo concreto. Tratar la analítica como si fuera una calificación de compromiso. Nadie debería quedar mal posicionado ante el curso por su cantidad de interacciones. Los datos orientan la intervención docente; no son un antecedente sobre las personas.

Dónde está todo esto

La información vive en la pestaña Analítica de la administración, repartida en seis pantallas que conviene distinguir desde el principio, porque responden preguntas distintas:

Métricas — los gráficos de resumen. «¿Cómo viene todo?»

Espacio en disco — cuánto ocupa el campus. Gestión pura.

Reportes avanzados — el catálogo de informes descargables. «¿Qué necesito exportar?»

Aulas y Usuarios — el detalle por espacio y por persona. «¿Qué hizo este grupo, qué hizo esta persona?»

Actividad — quiénes no están ingresando. «¿A quién estoy perdiendo?»

Auditoría — las acciones administrativas. «¿Quién tocó qué?»

Una forma útil de recorrerlas: Métricas y Reportes avanzados son la vista de bosque, el pulso general; Usuarios, Actividad y Auditoría permiten seguir un árbol concreto —una persona, una acción, una fecha—. El resumen no se reemplaza con el detalle: se complementan.

Las dos pestañas que siguen recorren lo que hay disponible. La última vuelve a esto: qué hacer una vez que lo leíste.